Crying up to Heaven….Llorando hacia el Cielo

All religions that believe in God have within them something of the truth and beauty of our origins; something that can raise our understanding and lift us higher.

Have you ever contemplated the pain of God? Do you believe God capable of suffering or mourning? If you have ever wept for others, or even for your own children, perhaps that sense of empathic pain is similar to what God might feel for us.

The Jewish religion acknowledges a weeping God; it forms part of their primary celebration, Rosh Hashana. They explain it through the story of Rachel, from the Old Testament for Christians, in which they define her empathic tears of transformation: crying for others and even for God, feeling the pain of humanity and its creator, and transforming from within as a result.

The Jewish believe there is an aspect of God that is God’s feminine spirit, which they express as Shechina or Shekina. It is the part of God that weeps for us. The aspect of God which is our mother, and which for Christians became incarnated in the body and the life of our Holy Mother Mary. It is also an aspect within us each, as we are made in the striking image of God.

From the Center for Integral Wisdom:

Tears and Transformation: Toward the Redemption of a Crying God

By Marc Gafni

Rachel cries tears of empathy on three distinct levels. The first level expressed by Rachel crying for her children is human empathy for the suffering of other human beings. The second level, expressed powerfully by Kalonymous Kalman Schapira of Piacezna, is human empathy for the pain of God. These are the tears of Rachel below. The third level is the empathy of God for man. God cries for the suffering of man. These are the tears of Rachel above. Taken together, all three strands form a sacred circle of nondual love. Just as God reaches beyond Herself to feel our pain, so we must stretch to the limit and beyond to feel the pain of God. We do so through empathy. We meet God in the pain of the world. We meet God by opening ourselves up to Rwanda, Bosnia, Cambodia, Sudan, and the list goes on. We meet God by opening ourselves up to the suffering of those who are closest to us. And we meet God by widening our circle of caring beyond merely our immediate family and most intimate friends. Rosh Hashanah is about being willing to shatter the narrow confines of our individual person and even the narrow confines of our peculiar nation. On Rosh Hashanah, we merge with God…We open ourselves up to feel the pain of the world in order to be powerfully motivated to heal and repair the world, which is identical to the healing and repair of God.

The crying of pain needs to become the crying of healing.

It’s not easy to conceive of a crying God. Many of us are used to philosophical teachings which speak of God’s infinity only in terms of the infinity of power otherness. The question come to our lips is the question with which we began: How could we believe in a crying God? The answer is, at least for this author, eloquently simple: How could I believe in a God who doesn’t cry?

 

Angel_Tears

When Heaven Weeps

 

Llorando hacia el Cielo

Cada religion que cree en un Dios tiene algo dentro de la verdad y la bellesa de nuestros origenes; algo que nos lleva mas alto.

Has considerado alguna vez si Dios duele? Si sufre? Es Dios capaz de llorar? Si alguna vez has llorado vos por los demas, o aun por tus propios hijos, entiendes lo que debe sentir nuestro Dios hacia nosotros. La religion Judea toma en cuenta un Dios que llora; forma parte de su celebración mayor de Rosh Hashana.  Los judeos explican con el cuento de Raquel, en el Antiguo Testamento para los cristianos, sobre sus lagrimas de transformación: Llorando por los demas y aun por Dios, sintiendo ese dolor por la humanidad y su creador, y transformando desde adentro para siempre. Los judeos creen que hay un aspecto de Dios que es su espiritu femenino, y lo expresan como Shechina o Shekina. Es quien llora para nosotros. El aspecto de Dios que es nuestra madre, y que para cristianos esta encarnada en el cuerpo y la vida de nuestra Santa Maria. Es tambien un aspecto dentro de todos nosotros, siendo hechos a la imagen y de la chispa de Dios.

Desde el Centro de Sabiduría Integral:

Lágrimas y Transformación: Hacia la Redención de un Dios quien Llora

Por Marc Gafni

Raquel llora lágrimas de empatía en tres distintos niveles . El primer nivel expresado es Raquel llorando por sus hijos, es la empatía humana por el sufrimiento de otros seres humanos. El segundo nivel, expresado poderosamente por Kalonymous Kalman Schapira de Piacezna, es la empatía humana para el dolor de Dios. Estas son las lágrimas de Rachel que siguen. El tercer nivel es la empatía de Dios para el hombre. Dios llora por el sufrimiento del hombre. Estas son las lágrimas de Rachel desde arriba. En conjunto, las tres cadenas forman tres circulos sagrados del amor. Así como Dios va más allá que Ella a sentir nuestro dolor, por eso debemos estirar y pasar nuestros límites para ir más allá y sentir el dolor de Dios. Lo hacemos a través de la empatía. Nos encontramos con Dios en el dolor del mundo. Nos encontramos con Dios por abrirnos a Ruanda, Bosnia, Camboya, Sudán, y la lista continúa. Nos encontramos a Dios cuando nos abrimos al sufrimiento de aquellos que están más cerca a nosotros. Y nos encontramos con Dios, ampliando nuestro círculo de cuidado más allá que nuestros familiares y más íntimos amigos. Rosh Hashaná se trata de estar dispuesto a romper los estrechos límites de nuestra persona individual e incluso de los límites de nuestra nación particular. En Rosh Hashaná, nos unimos con Dios... Nos abrimos a sentir el dolor del mundo con el fin de estar motivados poderosamente a sanar y reparar el mundo, que es idéntica a la cicatrización y reparación de Dios.

El llanto de dolor tiene que convertirse en un llanto de sanación.

No es fácil concebir de un Dios llorando. Muchos de nosotros estamos acostumbrados a las enseñanzas filosóficas que hablan de la infinitud de Dios sólo en términos de la infinidad de su poder. La pregunta que llegua a nuestros labios es la pregunta con la que empezamos: ¿Cómo podríamos creer en un Dios que llora? La respuesta, por lo menos para este autor, tiene una elocuencia sencilla: ¿Cómo podría creer en un Dios que no llora?

This entry was published on September 19, 2014 at 10:20 pm. It’s filed under empujando paz and tagged , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , . Bookmark the permalink. Follow any comments here with the RSS feed for this post.

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